Se dice que para proyectar el futuro basta con evaluar
el pasado, partiendo de esta premisa, nadie podrá dudar que, si el siglo XX
ha sido el del cambio en el papel que la sociedad atribuye a las mujeres, el
siglo XXI será el de la confirmación de su protagonismo en los cambios sociales.
Este cambio protagonizado
por las mujeres ha generado una transformación, a veces callada y silenciosa, en los comportamientos y actitudes de los
hombres que comprenden y comparten las reivindicaciones de las mujeres en la
búsqueda de una mayor participación en las responsabilidades. La igualdad dederechos y oportunidades ha supuesto una paulatina democratización de las
relaciones familiares y laborales. El movimiento feminista y el empuje de las
propias mujeres han propiciado la eliminación de la discriminación en las Leyes,
logrando la igualdad en el sistema educativo. El resultado de esa lucha de las mujeres que nos precedieron, es que, las mujeres de hoy, hemos podido
formarnos y acceder masivamente al mercado de trabajo, a la política y a la
vida pública.
Pero esta situación no ha sido siempre
así… Si analizamos el lugar y el rol de la mujer en la sociedad a través del derecho
a la educación y al trabajo, tenemos los argumentos que nos permiten
enjuiciar los logros alcanzados en la no discriminación.
La legislación de principios y mediados del siglo XX limitaba e incluso prohibía a las mujeres el derecho al ejercicio de determinadas profesiones.
VOLVAMOS LA VISTA ATRÁS
Desde pequeños, niños y niñas ven en
sus libros escolares que los hombres son los que han construido el mundo, han
hecho las guerras y han ganado las batallas, han inventado cosas, han escrito,
han descubierto continentes, mientras que las mujeres… simplemente no están en
sus libros de texto.
La mujer no pudo acceder a la
Enseñanza Superior, en igualdad
de condiciones, hasta el 8 de marzo de 1910,
cuando se aprobó una Real Orden que autorizó “por igual la matrícula de alumnos y alumnas”. Hasta esa fecha, sólo 36 mujeres habían conseguido licenciarse entre ellas la primera mujer
que se había matriculado en una Universidad: Elena Maseras Ribera -licenciada en medicina por la Universidad de Barcelona- en 1882. Cuando
se licenció, el diario de la época El
Liberal publicó: "Felicitamos por adelantado a los enfermos que fíen
la curación de sus dolencias al nuevo doctor con faldas".
Hasta 1910, ser mujer y matricularse en una carrera
universitaria era todo un hito: se necesitaba el permiso especial del Consejo
de Ministros.
Antes, en 1841, la gallega Concepción Arenal pionera del feminismo español se disfrazó de hombre para asistir a clases de Derecho en la Universidad de Madrid.
No cursó la carrera, ni hizo exámenes, ni alcanzó
ningún título, pues en este momento histórico las aulas universitarias estaban
reservadas exclusivamente para los varones, pero sin duda enriqueció y afianzó
su interés por las cuestiones penales y jurídicas.
La Universidad
de Santiago de Compostela la recuerda dándole su nombre a la Biblioteca Universitaria Concepción Arenal, conocida popularmente por los
estudiantes como “La Conchi” o “La Conchita”.
En 1910 se permitió que las licenciadas pudieran presentarse a oposiciones para ejercer como profesoras
de instituto, de universidad o trabajar en bibliotecas y archivos.
Este
documento de 1923 refleja la discriminación total de la mujer y la Sociedad
paternalista en la que vivía.
En los años 20, las mujeres trabajaron
en especialidades médicas (preferentemente ginecología y pediatría), empezaron
a aprobar oposiciones (Archivos y Bibliotecas, Institutos de Enseñanza Media). María Moliner trabajó en los años veinte, se licenció en la rama de Historia
en 1921, en la Universidad de Zaragoza. En 1922, aprobó la oposición para el
cuerpo de Bibliotecarios, desarrollando su labor en el Archivo de Simancas
primero y en el de Murcia más tarde. Su inmensa labor en lexicografía quedaría
manifiesta años después en el Diccionario de usos del español.
Evolución del número
total de matrículas femeninas por Universidades (1919-1928)
En los años
30, las mujeres
alcanzaron la investigación científica, y el ejercicio profesional del periodismo,
el derecho y la política. En
1935 había ya más de 2.000 alumnas matriculadas en Universidades españolas.
El régimen franquista no ayuda a potenciar la llegada a la Universidad de las mujeres pero no se llega a limitar en ningún momento por ley su acceso. Tampoco es necesaria, para matricularse, una autorización por escrito del padre o del marido.
La década en que se aprueba la Constitución
de 1978 coincidía con la presencia, por primera vez, de una mujer en la
judicatura y en la fiscalía. Hasta 1966
las mujeres que estudiaban Derecho no podían acceder a la carrera judicial y
fiscal. No podían ser “juez” les estaba prohibido, como otras muchas cosas,
abrirse una cuenta en el banco sin el permiso del marido o tramitar un
pasaporte. Hubo que esperar hasta el final de la
dictadura franquista a la primera mujer jueza de España, Josefina Triguero Agudo, la
primera mujer en aprobar la oposición a judicaturas (1977) y que tomaba posesión de su
plaza en el Juzgado de Navalmoral de la Mata, en Badajoz un 23 de enero de 1978, Han pasado “sólo” 40
años.
Josefina Triguero, en
una de las pocas imágenes que existen de su persona, recibiendo en 2011 el
Premio Manuel de Irujo de manos de Idoia Mendía, secretaria general del
PSE-PSOE. Gobierno vasco. Se jubiló en el 2013
El acceso de la mujer a las Fuerzas Armadas se reguló en 1988, con algunas limitaciones de Cuerpos y Escalas, y no fue hasta 1999 cuando se reguló la plena equiparación para hombres y mujeres, sin limitaciones de Cuerpos, Escalas ni de destinos.
Este año se celebra el 30º aniversario de la incorporación de la mujer a la Guardia Civil y se recuerda con una exposición itinerante por distintas ciudades españolas.
A finales de los años 90, en 34 países, entre ellos España, las mujeres son mayoría en la educación superior. Así en 1999, el porcentaje de mujeres matriculadas en la Universidad era de un 53,5 % superando levemente a la media Europea (52%).
Este año se celebra el 30º aniversario de la incorporación de la mujer a la Guardia Civil y se recuerda con una exposición itinerante por distintas ciudades españolas.
A principios de los años 80, las mujeres eran
el 45% de alumnado de la Universidad pero superaban a los hombres en cuanto a
la finalización de los estudios. Las mujeres se siguen decidiendo por
las carreras de Humanidades y las Ciencias de la Salud y son muy pocas las que
eligen carreras Técnicas.
A finales de los años 90, en 34 países, entre ellos España, las mujeres son mayoría en la educación superior. Así en 1999, el porcentaje de mujeres matriculadas en la Universidad era de un 53,5 % superando levemente a la media Europea (52%).
Este incremento se debe a diversas causas:
a la creación de nuevas carreras, a la dispersión de los centros universitarios,
al cambio ideológico sobre las expectativas del rol social de la mujer y su
incorporación progresiva al mercado laboral.
VOLVAMOS
AL PRESENTE
Solo 108 años después de que se
autorizase el acceso formal de las mujeres a la universidad, las estudiantes
matriculadas representan más de la mitad (55%) y, del total del alumnado que
termina los estudios universitarios, un 58% son mujeres, según las estadísticas
del Ministerio de Educación relativas al curso 2016-2017 (últimos datos
disponibles).
Romper el techo de cristal es algo
que sin embargo no se ha logrado en la universidad española. Según los datos
recogidos por el Instituto de la Mujer,
de los 84 rectores y rectoras que se contabilizaban a principios de 2017, solo
11 eran mujeres (3 más que en 2016). "Las chicas tenemos techo de cristal
y suelo pegajoso", dice Consuelo Flecha, catedrática de la Universidad de
Sevilla, para referirse a las "situaciones de la vida que nos exigen andar
más despacio", como por ejemplo el cuidado de la familia.
A pesar del vertiginoso cambio sufrido por la sociedad española, aún subsisten dificultades para la promoción profesional de las mujeres y, sobre todo, para compatibilizar las responsabilidades familiares. Todavía es necesario superar estereotipos discriminatorios sobre las capacidades y las posibilidades de las mujeres para participar en igualdad de condiciones con los hombres en todos los ámbitos de la vida pública. Todavía hay resistencia a la entrada de las mujeres en puestos de responsabilidad en el empleo y en la política.
A pesar del vertiginoso cambio sufrido por la sociedad española, aún subsisten dificultades para la promoción profesional de las mujeres y, sobre todo, para compatibilizar las responsabilidades familiares. Todavía es necesario superar estereotipos discriminatorios sobre las capacidades y las posibilidades de las mujeres para participar en igualdad de condiciones con los hombres en todos los ámbitos de la vida pública. Todavía hay resistencia a la entrada de las mujeres en puestos de responsabilidad en el empleo y en la política.
El tema del Día Internacional de la Mujer, del pasado 8 de marzo, fue "Ahora es el momento: Las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres".
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